La novela de la «no-ideología». David Becerra

«Denominé “novelas de la no-ideología” a aquellas que, desde 1989 hasta hoy, son funcionales al relato dominante. Son novelas que asumen que vivimos en el mejor de los mundos posibles en un mundo que se sitúa en el tantas veces proclamado “fin de la historia”. Son novelas que asumen que no hay posibilidad de construir un mundo mejor, que no hay horizonte de transformación política y social posible. Además, interpretan que todos nuestros conflictos son siempre individuales, nunca se entienden desde lo histórico, lo político o lo social. Son novelas que hablan del yo y nunca del nosotros. Como dirían Balibar y Macherey, son novelas que desplazan las contradicciones radicales del sistema —esas contradicciones ante las que nos sitúa el capitalismo todos los días— a favor de unas contradicciones asumibles por ese mismo sistema. Todo conflicto se explica desde nuestro interior, desde el yo, nunca desde el exterior, desde el sistema capitalista. Son novelas que se presentan como no-ideológicas, pero claro que son ideológicas y además los efectos políticos que producen son inmediatos: nos tratarán de convencer de que no hace falta cambiar el sistema para cambiar nuestra situación individual, lo que tengo que hacer es cambiar yo, adaptarme a la situación, para resolver el conflicto. Son discursos nada inocentes».

Entrevista a David Becerra en El Viejo Topo n.º 341.

 

https://aspalavrastemsabor.files.wordpress.com/2012/11/eyecatchingfreaky-95fdaaae327586695a2dadfa27e776e2_h.jpg?w=584

Anuncios

Antonio Gramsci sin manipular

El fascismo italiano tuvo su fórmula para anular la influencia del pensamiento gramsciano: meter a Gramsci entre rejas. El fiscal italiano que le acusó lo dejó muy claro: «durante 20 años debemos impedir funcionar a este cerebro». Una vez fallecido, después de ver su salud ­—de por sí frágil— mermada por el cautiverio, la forma de evitar la difusión de sus ideas debía ser, necesariamente, diferente.

Hoy en día las citas de Gramsci y el uso interesado de su figura, y lo que supuso, son un recurso que se repite hasta la saciedad. Puede surgir en una charla en la universidad, en un mitin de CCOO, en un análisis político de Pablo Iglesias o en un artículo de El Mundo, la gramscimanía es tal que se llega hasta el punto de editar libros sobre su familia (La historia de una familia revolucionaria, en la magnífica editorial Hoja de Lata). Aparece mencionado en mundos tan dispares como antagónicos: eurocomunistas, socialdemócratas, liberales, comunistas, reformistas, anarquistas, imperialistas… ¿y a qué se debe este uso indiscriminado de las tesis gramscianas? Si todos estos sectores velan por intereses, en algunos casos, tan diferentes, ¿cómo es que todos usan las tesis de Gramsci?

Como las ideas no pueden encarcelarse, los mandarines de nuestra época han optado por una fórmula más sutil para anular al Gramsci revolucionario: tergiversar su ideario y alejarlo de cualquier interpretación que sirva para los intereses de las clases trabajadoras de Occidente. Los motivos de esta manipulación son diversos, desde un uso académico por parte de intelectuales que quieren dar un toque reivindicativo y culto a sus carreras profesionales hasta la apropiación de un cerebro, como lo denominó el fiscal fascista, que dote ciertos postulados de mayor base científica. Hay que reconocer que esta manipulación tampoco era difícil, la obra de Gramsci da lugar a la ambigüedad debido a las circunstancias en las que tuvo que escribir los conocidos como Cuadernos de cárcel. La censura que Gramsci debía sortear le obligó a utilizar un lenguaje complejo que, para muchos, le inclinó a rebasar los límites de su tradición política. Pero, sin duda, el hecho trascendental se produce cuando de forma interesada solo se estudian los escritos realizados en su etapa en prisión y se obvian todos los escritos anteriores, creando una imagen maniquea e incompleta de este revolucionario (por suerte, para hacernos una idea más completa tenemos la Antología recopilada por Manuel Sacristán, actualmente disponible en la editorial Akal). De esta forma se fue convirtiendo a Gramsci en el padre de diferentes teorías alejadas del leninismo. Pocos han querido tratar este asunto, y el uso indiscriminado de los términos gramscianos por parte de tan diferentes personajes únicamente dificulta la comprensión y desambiguación de la vida y tesis de este comunista italiano.

Entre tanta confusión, José Antonio Egido, siempre valiente cuando los demás callan, aporta algo de luz a la cuestión en un libro absolutamente necesario, ¡Manos fuera del camarada Antonio Gramsci! (editorial Templando el acero). En él se desarrollan las causas y la forma de maquinar la manipulación, y además explica las posiciones de Gramsci en lo referente a su continuación del legado leninista. Si se pretende estudiar o repasar conceptos como «hegemonía cultural», «intelectual orgánico» o el papel del partido comunista o del internacionalismo sin el filtro anticomunista que se viene dando desde los años sesenta, este libro será una de las fuentes imprescindibles para ese fin. En el libro se echa de menos algo de profundidad en alguno de los capítulos, como en el que se habla de la utilidad para la revolución europea o sobre las mentiras habituales que se utilizan para apropiarse del legado gramsciano (estoy seguro de que si se desarrollaran algunas partes el texto saldría ganando), y un lenguaje más apto para todo tipo de públicos; en un momento en el que Gramsci está en boca de todos hubiera sido más útil un libro que también pudiera ser leído por un tipo de lector ajeno a toda esa jerga de partido. Pero esto, claro está, es una cuestión de estilo que depende del autor. Sin embargo, podemos decir que el profesor Egido lo compensa, ya que no solo es un libro sobre Gramsci también es un libro de libros: son sublimes todas las recomendaciones bibliográficas que se hacen a lo largo de sus páginas, todo un recopilatorio de libros geniales y necesarios para el desarrollo del pensamiento marxista.

Por otro lado, es penoso que este título no se encuentre en las librerías… Las medianas y grandes editoriales parece que consideren ciertos temas como intocables. Para justificarse nos hablan de números y dividendos, y tienen algo de razón, ahora existen nuevas formas de censura y una de ellas es la de «si no vende no se publica»; que en todo caso, dada la pasión que parece despertar Gramsci, no vale para el ejemplo que estamos considerando, por lo que me lleva a pensar que también queda algo de aquello de no querer tocar en exceso la hegemonía cultural.

¿Guevara o Allende? Ryszard Kapuściński

En el curso de un encuentro con los lectores, alguien del público me pide que compare la figura de Allende con la del Che Guevara y diga cuál de los dos tenía razón.

La pregunta encierra la opinión de que solo uno de ellos podía tener razón, y el público espera a que yo escoja entre los caminos elegidos por Ernesto Guevara y por Salvador Allende.

En un determinado momento de su vida, Guevara abandona el despacho de ministro y su mesa de trabajo para marcharse a Bolivia, donde organiza un destacamento de guerrilla. Muere siendo el comandante de ese destacamento.

Allende, al contrario, muere defendiendo su mesa de trabajo, su despacho de presidente, del cual solo lo sacarían –como siempre había dicho– en un traje de madera.

Aparentemente, pues, se trata de dos muertes muy diferentes, pero en realidad esa diferencia no estriba más que en el lugar, el tiempo y las circunstancias. Tanto Allende como Guevara sacrifican su vida por el poder del pueblo. El primero defendiéndolo, el segundo luchando por conseguirlo. La mesa de Allende solo es un símbolo, al igual que lo son las botas de campesino que calza Guevara.

Hasta el último momento los dos están convencidos de haber elegido el más justo y acertado de los caminos. Para Guevara, es el de la acción armada. Y se sabe que esta no puede saldarse sin víctimas. Para Allende, es el camino de la lucha política. Él quiere evitar víctimas cueste lo que cueste.

Los dos eran médicos. Guevara, cirujano; Allende, internista. ¿Influyó tal cosa en sus actitudes? Al elegir una profesión, la persona se guía por una serie de motivos psicológicos. Indudablemente, pero ¿también fue así en este caso? No lo sé. Los tiros que acaban con la vida de Guevara y de Allende no se disparan desde un escondite. Los dos aceptan su muerte conscientemente, a sabiendas de que llega. Cada uno de ellos puede salvarse, tiene su oportunidad, tiene tiempo. Entre la captura de Guevara herido y su ejecución transcurren veinte horas. El coronel Zenteno le promete que conservará la vida si consiente en comparecer ante un tribunal como acusado. Guevara rechaza la propuesta. Maniatado, permanece sentado en el suelo de tierra de la escuela rural de Higueras y calla, se niega a hablar. Le duele el muslo abierto por el balazo, le duelen los forúnculos, le asfixia el asma. Quizá ni siquiera se da cuenta del momento en que en la ventana aparece un sargento que aprieta el gatillo de su metralleta.

Allende dispone de ocho horas. Por la mañana se entera de que hay un avión esperándolo, que puede ir donde quiera, a condición de que dimita, de que abandone su puesto. Pero no lo hará. Todavía ayer era un señor mayor, de rostro cansado y preocupado, ya grave , ya bonachón, vestido siempre con sofisticada elegancia. Hoy rebosa en nuevas energías, en una fuerza y una vitalidad que asombra a todo el mundo: dispara, dicta órdenes, lidera su última batalla. Pasan las horas. A su alrededor hay muertos y heridos. También él está herido. Pero el pulso sigue firme, la metralleta no falla la diana. El ejército irrumpe en el Palacio. En uno de los salones, en medio del humo, el polvo y el olor a quemado, seguirá disparando hasta el final un hombre bajo, aunque robusto, cumplidos con creces los sesenta, con casco de minero y jersey de cuello alto: el presidente de la república.

En la manera en que mueren Guevara y Allende hay una implacable determinación, una inexorabilidad conscientemente escogida, una tremenda dignidad. En esas últimas horas, todo lo que podría llevar a la salvación queda rechazado: regateos, tejemanejes, compromisos, rendición o huida. El camino, ya despejado y recto, no lleva sino a la muerte.

Tanto una como otra, sus muertes son un lance de honor, un desafío. Un deseo de manifestar públicamente la justicia de sus convicciones y una disposición, más allá de toda vacilación, a pagar por ellas el máximo precio. Me veo obligado a irme, pero no me voy del todo, no por completo, no para siempre. Se tienen que ir: esto lo saben los dos, llevan tiempo preparándose para ello. Guevara se despide de Fidel, de sus padres y de sus hijos en unas cartas escritas meses atrás. Allende empieza su último y trágico día despidiéndose de sus hijas y, en un discurso radiado, del pueblo. A partir de entonces los dos se quedarán a solas con el destino, rodeados por un puñado de hombres que los seguirán hasta el final. Seguir hasta el final: esta será la idea que los acompañará durante el resto de las horas que les quedan. Hasta el final actúan, no tienen tiempo, están ocupados en sus cometidos.

Los dos caen en plena marcha.

Sus muertes: tan parecidas; sus vidas: tan diferentes.

Dos personalidades antitéticas, dos temperamentos diametralmente opuestos.

Siendo un muchacho, Guevara viaja por el Amazonas en una balsa, quiere atravesar toda América Latina en motocicleta. Va a Bolivia por mor de una revolución, va a Guatemala por mor de una revolución, finalmente llega a México, que, tiempo atrás, también había sido escenario de una revolución. Allí conoce a Fidel Castro y juntos organizan el desembarco guerrillero en Cuba. Al alcanzar la costa caen en una emboscada. Es el 2 de diciembre de 1956. De los ochenta y dos milicianos solo una docena queda con vida. Ni siquiera todos van armados con un fusil. Guevara está herido. Y aquella docena de hombres empieza la mayor epopeya de la historia reciente de América Latina.

La naturaleza inquieta de Guevara no para de empujarlo hacia delante, pero la suya es una inquietud dirigida, su energía se concentra en la causa revolucionaria.

Toda su vida es una constante búsqueda de un campo de batalla.

Nacido en 1928, muere a los treinta y nueve años. Pertenece a esa generación de jóvenes latinoamericanos que, tras levantarse en armas, en los años cincuenta se alzan con su primera y maravillosa victoria. A partir de ella se creerán que la historia enseguida, y siempre, se pone del lado de las causas más nobles. Muchos han pagado por esa fe con sus propias vidas. Estaban convencidos de que las masas no hacían sino esperar una señal, de que el barril estaba lleno de pólvora y de que bastaba con una sola chispa. Y, según ellos, esa chispa no era otra cosa que un destacamento de guerrilleros entregados a la causa, dispuestos a todo. Poco a poco se les unirían voluntarios y el destacamento se convertiría en un ejército popular que tomaría el poder y haría la revolución.

Guevara crea un destacamento así en Bolivia y empieza a combatir. Espera la llegada de voluntarios, sobre todo campesinos. Pero los campesinos no se le unen. Un campesino apellidado Rojas denuncia, condenándolos a la muerte, a trece hombres del destacamento de Guevara. El oficial del ejército le paga por ello cinco dólares, a los que añade una barra de chocolate. En su Diario, Guevara menciona a cada momento lo difícil que le resulta entenderse con los campesinos. Pero no es de extrañar. Él proviene de una familia burguesa argentina, es blanco y habla en español. En cambio el campesino al que espera es indio, sólo habla quechua y desconfía de los blancos, que lo han explotado durante siglos. Ese campesino de la desértica y olvidada provincia boliviana –que está tan alejada de la civilización moderna como la Luna de la Tierra– no quiere luchar contra la corrupta dictadura del presidente Barrientos, porque ha oído decir que hace algún tiempo dicho presidente se presentó en una aldea y regaló a todo el mundo un par de zapatos. Los zapatos son el gran sueño de los campesinos. ¿Qué les pueden ofrecer los guerrilleros?

Además, los guerrilleros han llegado de la ciudad o de otros países. En cambio los soldados que los combaten son chicos de las aldeas vecinas. Indios que hablan quechua. Cierto que los oficiales son hombres blancos y han recibido instrucción en academias norteamericanas. Pero el ranger raso es hijo de campesinos, nacido y criado en sus mismos pagos. En ese territorio desértico, yermo y pedregoso en el que los guerrilleros se pierden a cada momento y nunca están seguros de si van en la buena dirección, los soldados se sienten como el pez en el agua. Conocen cada piedra, cada quebrada. Allí habían jugado de niños, por aquel sendero iban a buscar agua.

Alrededor del destacamento de Guevara se estrecha el cerco de la muerte. Hambrientos y exhaustos, los hombres libran una batalla desigual en la que quedan derrotados. Es soleado y muy caluroso el último día del Che.

La vida de Salvador Allende discurre por otra vía. Aunque también entregada a la causa, es una vida ordenada, regular, sin sacudidas. A sus veintinueve años, Ernesto Guevara lidera el frente guerrillero en Sierra Maestra, tiene el brazo en cabestrillo y ha burlado la muerte en más de una ocasión. A sus veintinueve años, Salvador Allende se convierte en diputado al Parlamento y los amigos le auguran una carrera vertiginosa. Tiene treinta y un años cuando se hace cargo de la cartera de ministro de la Salud en el gobierno del radical Aguirre Cerda. Ingresa en una logia masónica. Funda el partido socialista. En 1945 es senador. Cuatro veces es candidato a la presidencia de la república: en 1953, 1958, 1964 y 1970. En veinte años es el único candidato de la izquierda a este cargo. Toda la vida de Allende transcurre en Santiago, en el Parlamento, o en las provincias chilenas, adonde lo llevan sus largas campañas electorales. El Parlamento de Chile: un edificio gris y feo, situado en el centro de la ciudad, calle de la Catedral. Aquí tiene Allende su despacho de senador. Estanterías desde el suelo hasta el techo, y en ellas, docenas de volúmenes de leyes y enmiendas a esas leyes, mil veces estudiadas, corregidas y aumentadas. En este edificio, Allende trabaja y lucha treinta y tres años, primero como diputado, después como senador. El edificio forma su mentalidad legalista, su perfecto dominio del derecho, de la constitución, de la ley. De todos modos, la izquierda chilena siempre ha sido una acérrima defensora de la Constitución y del Parlamento burgueses. Solo aparentemente es una paradoja. La Constitución y el Parlamento garantizaban a la izquierda la libertad de actuar dentro de la legalidad, le brindaban la posibilidad de llevar su lucha política abiertamente. En 1969, durante el mandato del presidente Frei, el general Roberto Viaux quiso dar un golpe de Estado y clausurar el Parlamento. Fue precisamente la izquierda la que lo salvó, la que salvó ese mismo Parlamento que durante el mandato presidencial de Allende se convertirá en el principal centro de oposición, provocación y sedición. Pero Allende, que durante toda su vida ha construido la autoridad del Parlamento, una vez jurado el cargo de presidente, no lo disolverá aun a precio de perder el poder y la vida.

A menudo se oye la pregunta de por qué Allende no armó al pueblo y no empezó una guerra civil.

Distribuir armas a gran escala era imposible, porque en Chile el servicio de espionaje interno está en manos del ejército, el cual se habría enterado enseguida de cualquier traslado de partidas de armamento, de la formación de destacamentos populares, de su instrucción, etcétera. Tal cosa sólo habría acelerado el golpe. Además, Allende sabía que se trataba de un ejército moderno, con enorme potencia de fuego y que llamar a luchar contra semejante fuerza a un pueblo mal armado habría supuesto cientos de miles de víctimas, el derramamiento de sangre de la mitad de la nación.

En su rechazo a la guerra civil Allende también se guía por un importante principio moral. Cuando tomaba posesión de su cargo, él, el primer presidente popular de Chile, juró respetar la Constitución. Y la Constitución obliga al presidente a hacer todo lo posible para evitar el estallido de una guerra civil.

Allende desea preservar la honestidad ética.

De la misma manera se comporta Guevara.

Su destacamento no para de capturar prisioneros, soldados rasos y oficiales, a los que suelta enseguida. Desde el punto de vista militar, comete un grave error: los prisioneros no tardan en informar del lugar en que se encuentra el destacamento, del número de sus miembros y de su armamento. Pero Guevara no fusila a ninguno.Estáis libres, les dice; nosotros, los revolucionarios, somos personas moralmente honestas, no vamos a ensañarnos con un adversario desarmado.

Este principio de honestidad moral es un rasgo característico de la izquierda latinoamericana. También es causa de sus frecuentes derrotas en la política y en la lucha. Pero hay que intentar entender su situación. Todo joven latinoamericano crece rodeado de un mundo corrupto. Es el mundo de una política hecha por y para el dinero, de la demagogia desenfrenada, del asesinato y el terror policial, de una plutocracia implacable y derrochadora, de una burguesía ávida de todo, de explotadores cínicos, de arribistas vacuos y depravados, de muchachas empujadas a cambiar fácilmente de hombre. El joven revolucionario rechaza ese mundo, desea destruirlo, y antes de que sea capaz de hacerlo, quiere contraponerle un mundo diferente, puro y honrado, quiere contraponerle a sí mismo.

En la rebeldía de la izquierda latinoamericana siempre está presente ese factor de purificación moral, un sentimiento de superioridad ética, una preocupación por mantener esa superioridad frente al adversario. Perderé, me matarán, pero jamás nadie podrá decir de mí que he roto las reglas del juego, que he traicionado, que he fallado, que tenía las manos sucias.

Tanto Guevara como Allende son los mejores exponentes de esta actitud, que es toda una escuela de pensamiento. La pregunta importante es: ¿su trayectoria revela un intento consciente de crear un modelo para generaciones futuras que tal vez vivirán en ese mundo por el que ellos luchan y mueren?

¿Acaso se puede responder a la pregunta de cuál de ellos tenía razón? La tenían los dos. Actuaron en circunstancias diferentes, pero el objetivo de sus actuaciones era el mismo. ¿Cometieron errores? Eran seres humanos, ésta es la respuesta. Los dos han escrito el primer capítulo de la historia revolucionaria de América Latina, de esa historia que apenas está en sus inicios y de la que no sabemos cómo evolucionará.

Cristo con un fusil al hombro,  Ryszard Kapuściński.

allende-578x330

che1

Los comunistas. Pablo Neruda

 

Han pasado unos cuantos años desde que ingresé al partido
Estoy contento
Los comunistas
Hacen una buena familia…
Tienen el pellejo curtido y el corazón templado…
Por todas partes reciben Palos…
Palos exclusivos para ellos…
Vivan los espiritistas, los monarquitas, los aberrantes, los criminales
De varios grados…
Viva la filosofía con humo pero sin esqueletos…
Viva el perro que ladra y que muerde,
Vivan los astrólogos libidinosos, viva la pornografía,
viva el cinismo, viva el camarón, viva todo el mundo,
Menos los comunistas…
Vivan los cinturones de castidad, vivan los conservadores que no se lavan los pies
Ideológicos desde hace quinientos años…
Vivan los piojos de las poblaciones miserables, viva la losa
Común gratuita, viva el anarcocapitalismo, viva Rilke,
viva André Gide con su corydoncito, viva cualquier Misticismo…
Todo está bien…
Todos son heroicos…
Todos los periódicos deben salir…
Todos pueden Publicarse, menos los comunistas…
Todos los políticos deben entrar en Santo Domingo sin cadenas…
Todos deben celebrar la muerte del sanguinario, del Trujillo,
menos los que más duramente lo Combatieron…
Viva el carnaval, los últimos días del carnaval…
Hay disfraces para todos…
Disfraces de Idealista cristiano, disfraces de extremo izquierda,
disfraces de damas benéficas y de matronas caritativas…
Pero, cuidado, no dejen entrar a los comunistas…
Cierren bien la puerta…
No se vayan a equivocar…
No Tienen derecho a nada…
Preocupémonos de lo su objetivo, de la esencia del hombre,
de la esencia de la Esencia..
Así estaremos todos contentos…
Tenemos libertad… Qué grande es la libertad..
Ellos no la Respetan, no la conocen…
La libertad para preocuparse de la esencia…
De lo esencial de la esencia…
Así han pasado los últimos años…
Pasó el jazz, llegó el soul, naufragamos en los postulados de la
Pintura abstracta, nos estremeció y nos mató la guerra…
En este lado todo quedaba igual… ¿O no quedaba
Igual?…
Después de tantos discursos sobre el espíritu y de tantos palos en la cabeza, algo andaba mal…
Muy mal… Los cálculos habían fallado… Los pueblos se organizaban…
Seguían las guerrillas y las Huelgas… Cuba y Chile se independizaban…
Muchos hombres y mujeres cantaban la Internacional… Qué Raro…
Qué desconsolador…
Ahora la cantaban en chino, en búlgaro, en español de América…
Hay que Tomar urgentes medidas…
Hay que proscribirlo… Hay que hablar más del espíritu…
Exaltar más el mundo
Libre… Hay que dar más palos…
Hay que dar más dólares… Esto no puede continuar…
Entre la libertad de Los palos y el miedo de Germán Arciniegas…
Y ahora Cuba… En nuestro propio hemisferio, en la mitad de
Nuestra manzana, estos barbudos con la misma canción…
Y para qué nos sirve Cristo?… De qué modo nos
Han servido los curas? … Ya no se puede confiar en nadie…
Ni en los mismos curas … No ven nuestros
Puntos de vista… No ven cómo bajan nuestras acciones en la Bolsa…
Mientras tanto trepan los hombres por el sistema solar…
Quedan huellas de zapatos en la luna…
Todo lucha por cambiar, menos los viejos sistemas…
La vida de los viejos sistemas nació de inmensas
Telarañas medioevales…
Telarañas más duras que los hierros de la maquinaria…
Sin embargo, hay gente
Que cree en un cambio, que ha practicado el cambio, que ha hecho triunfar el cambio, que ha florecido el
Cambio…
Caramba!…
La primavera es inexorable! 55009373

Contra los prejuicios: David Nirenberg

«Hoy día hay condiciones bajo las cuales ciertas lecturas de la tradición islámica se han vuelto muy presentes en algunos círculos, y no son marginales, pero tampoco representan a la verdad del islam. No hay una verdad del islam, no hay un islam que ellos hayan recuperado. Pensar que yo recupero la palabra de Dios y que el resto miente no es correcto. Para explicar el porqué de que estas interpretaciones tengan protagonismo hoy, habría que explicar muchas variables, como la historia del colonialismo, las economías petrolíferas, la corrupción de la realeza de Arabia Saudí… Pero quiero insistir en que, aunque es cierto que la violencia que vemos ahora es parte del islam –y no se puede separar de él diciendo que eso no es islámico—, a la vez todas las otras posibilidades también son parte del islam. Todas las tolerancias que ha producido, produce y va a producir en el futuro. Lo que critico, porque es falso e irresponsable, es la tendencia que tenemos a decir que la cristiandad es esencialmente una religión de amor, a pesar de que por miles de años produjo mucha violencia; o que el islam sea esencialmente una religión de violencia, a pesar de que durante miles de años produjo mucha tolerancia».

David Nirenberg (2016)

Fragmento extraído de la entrevista realizada por InfoLibre con motivo de la publicación de Religiones vecinas: cristianismo, islam y judaísmo en la Edad Media y en la actualidad.

Entrevista completa

lede_globalsurveymuslims-II

 

 

Jack London

«Vivió como quiso vivir», «ser humano irrepetible», «no dejaba indiferente a nadie», «adelantado a su tiempo»… son la serie de clichés, lugares comunes y expresiones típicas que nos encontramos cada vez que echamos una ojeada a la biografía de alguna personalidad con un alto reconocimiento social (sobre todo cuando esta ha fallecido).  Muchas veces se trata de exageraciones calculadas, idealizaciones innecesarias o formas de adornar un relato por parte de algún biógrafo o periodista con intención de engrandecer las vivencias de un determinado personaje. Para escribir este breve artículo sobre la vida y obra de Jack London sin recurrir a algunas de estas expresiones tan repetidas, me he visto atrapado en medio de una encrucijada debido a una profunda admiración fruto de la lectura de una de sus obras más conocidas, El Talón de hierro. No obstante intentaré evitarlas para no embellecer una historia que estuvo lejos de ser idílica.

Es imposible negar que la vida de John Griffith Chaney, más conocido como Jack London, estuvo llena de aventuras y pesares por doquier: navegó, escaló, vagabundeó, viajó, lucho contra sí mismo y contra su enfermedad, resistió la pobreza y el trabajo semiesclavo del capitalismo de finales del siglo XIX  y, atraído junto con su cuñado al frenesí causado por  la fiebre del oro,  sobrevivió a las duras condiciones del invierno en Alaska. No fue una vida sosegada, siempre estuvo motivado por una especie de impulso por  adquirir nuevas experiencias, de conocer nuevos lugares, de demostrar lo capaz que se sentía. Se describió a sí mismo, en más de una ocasión, como hombre dotado de unas buenas capacidades físicas. Estas le empujaron a vivir de forma  desenfrenada, y le hicieron creer que el mundo era para los fuertes, que los que se quedaban en el camino eran débiles; incapaces de enfrentarse al día a día. London creyó que los hombres y mujeres eran dueños de sus destinos, estuvo absorto por ese individualismo y ese darwinismo social que tan útil ha resultado ser para las clases dominantes, que quisieron y quieren justificar sus privilegios en base a una supuesta naturaleza que explica que el mundo «siempre estuvo dividido entre ricos y pobres», que los ricos lo son por sus capacidades emprendedoras y por su determinación y los pobres por su falta de constancia y esfuerzo.

Podía verme a mí mismo, bramando por una vida sin final como una de las rubias bestias de Nietzche, vagando lujuriosamente y conquistando con mi plena superioridad y fuerza. En cuanto a los desafortunados, los enfermos, los achacosos, los viejos y mutilados, debo confesar que había pensado muy poco en ellos, excepto que vagamente sentía que, fuera de los accidentes, podían ser tan buenos como yo si lo deseaban con verdadero ahínco y trabajaban igualmente bien. (Cómo me hice socialista)

Pero fue esa misma vida la que determinó su forma de entender el mundo y la que influyó en sus escritos. Golpe a golpe, después de sufrir trabajos en constante explotación (latero, pescador, lavandero…), de conocer las vidas de las personas a las que el capitalismo iba dejando atrás y de ver la crueldad de la represión en la cárcel de Erie County (tras ser encarcelado por vagabundear) se convirtió en un ferviente defensor del socialismo. Con la intención de dejar de vender su fuerza de trabajo por un salario de hambre, con la experiencia fallida de enriquecerse en las minas de oro y aprovechando su insaciabilidad como lector decidió dedicarse a la escritura. Todo ello, junto a su afición al alcohol y las ganas de transmitir sus pensamientos socialistas, parecía reunir todos los ingredientes básicos para convertirse en un autor de éxito. Las más de 50 obras escritas, tanto ensayos como novelas, reflejarán  a la perfección todos estos aspectos de London.

jack london

Aunque en muchas ocasiones se ha querido dividir parte de su obra entre las historias de aventuras y las novelas socialistas, esta línea divisoria no es ni tan clara ni acertada. Un ejemplo es el de Colmillo Blanco, obra que aborda temas mucho más complejos de los que insinúa la adaptación cinematográfica de Disney. Por un lado, la perspectiva desde el punto de vista  de un mestizo entre perra y lobo le permite transmitir esa lucha por la vida donde solo los fuertes sobreviven, situación más fácil de explicar en el mundo animal que en la sociedad en la que London vivía, y por otro lado logra aclarar la gran influencia que tiene el medio sobre la forma de actuar y pensar  del protagonista. Al contrario de lo que indican muchas reseñas sobre esta obra, o sobre La llamada de la naturaleza, en el animal no se despierta su lado más salvaje y primitivo de forma espontánea, como los hongos que surgen así en una noche, porque supuestamente su biología desemboque irremediablemente en esa forma de actuar, sino que son las condiciones impuestas por el medio las que modifican sus conductas. Buck, el perro protagonista de La llamada de la naturaleza, acaba por mostrar su instinto más profundo cuando está en contacto con los bosques del Yucón. Colmillo Blanco cambia su actitud juguetona por un temperamento más frío y hostil, al final del libro su personalidad acaba siendo amigable y leal. London lo describió como una arcilla que el entorno va moldeando: «Aquellos hombres eran el nuevo medio que lo rodeaba y que iba dando a la maleable arcilla de su naturaleza un carácter mucho más feroz que el que recibió al ser creado» (Colmillo blanco, 1906). Ambas obras nos hablan de su autor en cada línea: el contexto está basado en su experiencia en busca de las minas de oro, se combinan su mentalidad juvenil individualista con el proceso de cambio en su ideología (los perros cambian su conducta a la fuerza al encontrarse en ambientes hostiles y London se hizo socialista porque su individualismo le fue arrebatado a martillazo a consecuencia de los sucesos que le tocaron vivir), los protagonistas de las obras deben de elegir entre una forma de esclavitud o la libertad; al igual que el autor tuvo que elegir entre seguir formando parte de los asalariados o vivir de su creatividad. Ambas obras cuentan con un bellísimo estilo (uno no puede dejar de sentirse maravillado con la lectura del último capítulo de la Llamada de la naturaleza, «El resonar de la llamada»), pero no es «un estilo por el estilo» como encontraríamos en algunas obras de Hemingway sino un  estilo que no eclipsa la importancia del contenido. En conclusión, no se pueden describir como simples novelas de aventuras ya que llevan a cuestas su conciencia socialista y su biografía, y eso es decir mucho.

00

De las novelas donde desata su papel más intelectual en el sentido  gramsciano, sobresale El talón de hierro, un deleite para los oídos de comunistas y socialistas, una obra que mezcla un poco de ingenuidad, Ernest no se suele encontrar oposición en sus debates como si el discurso dominante no hubiese creado numerosos argumentos con los que defender el orden establecido, con una visión casi profética de la deriva autoritaria del capitalismo, no solo por la instrumentalización que hizo del fascismo (como creyó Trotsky  al leer la obra) sino por el papel del imperialismo norteamericano  a lo largo de los siglos XX y XXI; cómo con la máscara democrática lograría aplastar las esperanzas revolucionarias. Evidentemente todo lo escrito en el libro se hace desde  el contexto de principios del siglo XX, un momento de gran ebullición de los movimientos sociales y obreros, con unas características que no son exactamente las de hoy en día (incluso puede parecernos machista y anticuada la poca personalidad que se le otorga a Avis) pero que nos hace pensar en nuestro presente a partir de las anticipaciones que realiza. Aún hoy, muchas de las críticas al capitalismo que hizo London siguen siendo válidas:

Ante este hecho, este doble hecho­­­­­ —que el hombre moderno vive más miserablemente que su antepasado salvaje, mientras su poder productivo es mil veces superior—, no cabe otra explicación que la mala administración de la clase capitalista; que sois malos administradores, malos amos, y que vuestra mala gestión es imputable a vuestro egoísmo .(El talón de hierro, 1908)

Pero no todas sus obras nos cuentan las formas de dominación del capitalismo desde el punto de vista del autor, otras están llenas de estímulos para el espíritu activista y motivan e impulsan las ganas de luchar, como es el caso de El Mexicano, donde además se nos habla de otra de las grandes aficiones del autor; el boxeo.

Su compromiso social y su participación durante muchos años en el Partido Socialista de América le granjearon muchas enemistades, y suscitaron una serie de críticas que todavía son utilizadas. Se le acusó de racista en base a algunos ensayos, sin tener en cuenta el conjunto de sus escrituras, donde demuestra en numerosas ocasiones empatía por ciudadanos de otros continentes y países:

Al llamarse camaradas esos hombres son capaces de la revolución socialista, y esta palabra no está vacía ni exenta de significación, liga al conjunto de estos hombres como hermanos, que es como deben ser los hombres que se mantienen codo con codo bajo la bandera roja de la revuelta, atraviesa los límites geográficos y pasa por encima de los prejuicios de raza.(Tiempos de ira)

También fue acusado de plagio por el uso de diferentes fuentes (London inspiraba casi todas sus obras en artículos periodísticos). Sus detractores parecían insinuar que los libros son creatividades independientes fruto de la propia individualidad, y no de la suma de muchos conocimientos y de la eterna «conversación» a lo largo de la historia entre unos libros y otros. Mientras se pone la lupa sobre él, se pasa de puntillas por otros casos, como el gran parecido entre 1984 de George Orwell con una obra anterior, Nosotros de Yevgueni Zamiatin ¿casualidad? Han sido muchos los esfuerzos por crear polémica en torno a su figura, quedando claro que no interesan los intelectuales con compromiso.

Definitivamente, una vida irrepetible (al final ha sido inevitable recurrir al tópico) incluso su final es motivo de controversia, muchos creen que se suicidó tal y como relata en su obra autobiográfica, Martin Eden. Tras su muerte London nos deja una herencia literaria que se ha convertido en parte imprescindible para todos los amantes de la lectura y de la justicia social.

eltalondeh

Libertad de expresión

«Todos disfrutamos de la libertad de expresarnos. Eso no significa que todos hayamos de tener las mismas posibilidades al respecto: en todos los órdenes de la vida se hacen valer formas de selección natural que hacen que unos sean más capaces que otros. Esas formas de selección por lógica otorgan púlpitos privilegiados a quienes más valen, que suelen ser aquellos que entienden de manera más rápida y lúcida las virtudes del orden en el que vivimos. No conviene confundir, por lo demás, libertad y libertinaje: lo lógico es que cuando el segundo sustituye a la primera el peso de la ley y, en su caso, el de la fuerza recaiga sobre los responsables»

Carlos Taibo, Diccionario de neolengua, Libros de la Catarata, 2015

Un estadio de fútbol puede ser ese «púlpito privilegiado» donde algunos sectores quieren ver sus símbolos —políticos, aunque se revistan de esa supuesta despolitización— y prohíben aquellos que amenacen su querido statu quo.

1024px-Catalonia_Blanes_Senyera

 

 

Las mujeres en el anarquismo español (1869-1939) de Gloria Espigado

Fueron muchos los nombres de mujeres que lucharon contra las formas de dominación patriarcal, y que lo hicieron desde los movimientos obreros y las prácticas políticas cercanas al anarquismo, entre el final del siglo XIX y principios del XX. Aun así, este fenómeno ha sido menospreciado y empequeñecido, a causa de la ausencia, cuando no aislamiento, de trabajos académicos que diesen una visión sobre las anarquistas y feministas en los movimientos sociales en esos años.

Gracias a este estudio de Gloria Espigado podemos reconocer y valorar a las primeras mujeres organizadas en asociaciones obreras en el periodo conocido como Sexenio Democrático (1868-1874), cuando se empezó a permitir el asociacionismo y la prensa obrera comenzó a ser legal.  A partir del desarrollo de la Primera Internacional en España surgieron secciones compuestas totalmente por mujeres en varias regiones, muchas de ellas relacionadas estrechamente con el republicanismo más radical. Mujeres que en muchas ocasiones ya participaron en las formas de protesta social anteriores a las asociaciones de carácter obrero o republicano, como en las movilizaciones contra las quintas y los consumos o las revueltas campesinas.

En esta primera etapa destaca un nombre por encima de todos, el de Guillermina Rojas, una profesora que participó activamente en mítines obreros y que llegó a ser secretaria del Consejo local madrileño. Guillermina despertó el odio de la prensa burguesa e influyó al escritor Benito Pérez Galdós para referirse a las mujeres militantes en estos términos:

“Es cierto que hace poco ha aparecido una excrecencia informe, una aberración que se llama la mujer socialista; y puede ser que las fuerzas generadoras de la naturaleza hayan lanzado al mundo en este esbozo un tipo de filosofante que ha de venir, cuando Dios se fuere servido de fustigar con nuevos azotes este tan apaleado linaje a que pertenecemos”

La respuesta femenina en este primer llamamiento del obrerismo organizado (pese a que se trata de una etapa en la que los movimientos sociales estuvieron fuertemente reprimidos y perseguidos con la escusa de los acontecimientos de la Comuna de París) fue contundente, ya que las mujeres militaron y formaron parte de las etapas constitutivas del movimiento obrero español. Participaron activamente en este cuando en 1880 se constituye la FTRE (Federación de Trabajadores de la Región Española) que sirvió de antecedente para acercarse a diferentes grupos anarquistas como «Las Mártires del Trabajo», «Las Desheredadas», «Luisa Michel», «Las Convencidas», entre otros. La afiliación femenina en los movimientos de carácter anarcofeminista fue en crecimiento hasta llegar a su cénit en la Segunda República; pero aún sin alcanzar puestos directivos dentro de los sindicatos. Tanto en el caso anarquista, como entre socialistas o católicos,  el protagonismo femenino se diluía en el anonimato de las bases. Pese a este anonimato, conocemos los nombres de algunas mujeres que destacaron en el anarquismo español de estas fechas: Teresa Claramunt, Ángeles López de Ayala y Amalia Domingo Soler pertenecientes a la Sociedad Autónoma de Mujeres. También columnistas y escritoras en la prensa obrera que no esquivaban el tema del género fueron reconocidas por su militancia e implicación; algunos de los nombres más sonados: Teresa Mañé, conocida con el seudónimo de Soledad Gustavo, o Federica Montseny, la primera mujer en ocupar un cargo ministerial.  Las fundadoras de Mujeres Libres, Lucía Sánchez Saornil, Amparo Poch y Gascón y Mercedes Comaposada, u otras que comienzan a tener reconocimiento como Pepita Carpena, Soledad Estorach, Lola Iturbe, Sara Berenguer o Amanda de Nó.

En conclusión, en esta etapa nos encontramos con varios prototipos de mujer comprometida: la sindicalista, la agitadora, la miliciana, la maestra racionalista, la escritora, la represaliada, la exiliada…Que formaron un contingente importante para el anarquismo español y demostraron con creces su compromiso social.

tumblr_kyq2yvAJWv1qaexg6o1_500

ESPIGADO, Gloria, Las mujeres en el anarquismo español 1869-1939. La Neurosis o Las Barricadas Ed. 2015.

*También publicado en: www.mujeresheroicas.wordpress.com

 

La vigencia del legado intelectual de Frantz Fanon

Fanon se erige como uno de los pensadores revolucionarios de su época,  no solo por ser ejemplo de activismo y trabajo intelectual, sino porque sus textos serían capaces de influir tanto en el pensamiento de los intelectuales como en el de los grupos subversivos y revolucionarios. En muchos de sus trabajos trató la estrecha relación entre colonizado y colonizador y las causas de la transformación de las formas  de concebir el mundo con la llegada de los imperios coloniales. Definió los parámetros de las condiciones de la descolonización y la evolución de la mentalidad de los colonizados. Hablar de la obra de Fanon es crucial para el debate actual sobre la dimensión de las relaciones internacionales y de conceptos como racismo. Sin lugar a dudas, lo podemos tratar como un escritor revolucionario cuya obra trasciende a su propia época.

Uno de sus libros de culto Los condenados de la tierra es una de esas obras de  gran transversalidad, donde se nos muestra un agudo análisis sobre la formación de la identidad de los africanos y se nos explica gran parte de la realidad del continente. Paralelamente, Fanon llenó las páginas de sus más perseverantes esperanzas por el cambio, la independencia y las inquietudes por una transformación en la dinámica del mundo. En conclusión, un esfuerzo intelectual por influir en las luchas por la liberación de los pueblos. Este libro u otros como Piel negra, máscaras blancas tienen varios pilares fundamentales: la absorción de la cultura dominante por parte de los colonizados— con lo que ello significa a nivel colectivo o individual—, la quiebra de los viejos sistemas de discriminación que se utilizaban  en la relaciones político y sociales en el choque de civilizaciones, la adopción de la violencia como método, los orígenes de esta violencia y su puesta en práctica.

La necesidad de estudiar esta y otras de sus obras es imprescindible para analizar la historia contemporánea de África, comprender las motivaciones, esperanzas, acciones y desequilibrios de la vida de los africanos y por supuesto, para poder explicar las raíces profundas de la liberación africana. Fanon enseña el camino de la libertad y la unidad de todos los africanos respecto a sus antiguos colonizadores y, a su vez, explica el fenómeno de la violencia en la región, destruyendo los viejos mitos de que los «salvajes» actúan con violencia «por naturaleza».

En cuanto a sus métodos de análisis, estos han servido para la teorización designada como la del «no-ser» o la «deshumanizada» que no es más que la geopolítica del conocimiento del ser colonial negro en un mundo racista hegemonizado por los blancos. Fanon se enfoca en aquellos sujetos inferiorizados sexual, espiritual, epistémica, económica y racialmente por el sistema occidental. El «no-ser» expresa la incapacidad y las limitaciones del ser que no son suficientes para relatar la realidad de la experiencia individual y político-social de los que están desposeídos, malditos o condenados en la tierra. De esta forma se comprende el complejo de inferioridad debido al deseo inconsciente, corporal y mental que lleva al sujeto colonizado a una especie de desintegración propia. Fanon llega a sus conclusiones no por actuar como un analista social que describe y recopila una serie de investigaciones que debe exponer y que puede cambiar según el momento, sino que su pretensión es la de encontrar a estos datos y  a estas conductas un significado e intervenir psicológicamente para intentar derribar este complejo de inferioridad frente a los colonizadores.

El pensamiento de Fanon representa un importante papel en las ciencias humanas decoloniales, corrientes de pensamiento que rompen con los antiguos paradigmas postcoloniales para estudiar los fenómenos de la descolonización e interpretar realidades, temporalidades y localidades del conocimiento y del poder. Estas ciencias desafían conceptos claves del pensamiento de Descartes o Levi-Strauss. Fanon no comprende el sujeto desde la identidad (yo soy yo) o desde la diferencia (yo frente a otro o como a otro) sino la interrelación del contacto ético y la política en contextos coloniales (yo para el sub-otro). En este esfuerzo académico y científico Fanon utiliza aspectos del psicoanálisis y la etnología pero siempre para enfatizar el humanismo (humanismo decolonizador). Hay tres puntos clave en la metodología utilizada en sus obras: no se pueden aceptar las reglas hegemónicas del juego filosófico y científico como si fueran las únicas posibles (como si en caso de no respetarlas fuéramos a caer en el abismo de la sinrazón), hay que proponer otras reglas que tienen que reconocer lo «que ya está» (lo tradicionalmente impuesto por la ideología y los cánones occidentales) sin que ello signifique entregarse a lo «que ya está» y por último afirmar un paradigma diferente de coexistencia no pacífica, coexistencia no pacífica porque las tesis fanonianas son totalmente rompedoras con los principios dominantes.

Por supuesto, no podemos arrinconar a este autor en el ámbito académico ya que no se limitó a interpretar la realidad sino a intentar transformarla. Fanon llevó a la práctica su forma de pensar (participó activamente en el Frente de Liberación Nacional de Argelia)  y sus escritos fueron un reclamo para acercar al colonizado a sí mismo y así alentarlo a luchar contra la colonización. Además influyó enormemente en toda una serie de intelectuales antiimperialistas, y de movimientos de liberación nacional por todo el globo, como por ejemplo la Fracción del Ejército Rojo o en organismos como la Convención del Pueblo Negro. Definitivamente aportó y aporta herramientas útiles para los oprimidos de todo el mundo.

Información extraída de mi artículo sobre Frantz Fanon en Intrahistoria.

chains